top of page
Buscar

La selección es el ejemplo. Ser buena persona también compite.

Una de las grandes verdades que he descubierto con el paso de los años es que EL EJEMPLO ES EL MEJOR MAESTRO. Los que estamos con jóvenes futbolistas intentando llevarles a su mejor rendimiento, sabemos perfectamente que los ejemplos que perciben nuestros jóvenes futbolistas de sus ídolos pueden o bien echar por tierra muchas sesiones de entrenamiento intentando implementar un modelo de juego, o bien allanarnos el camino, ahorrando muchos quebraderos de cabeza, ya que los jugadores vienen ya mentalizados por ese buen ejemplo.


El fútbol es un juego de competición; entrenamos para competir y competimos para jugar. Por eso los entrenadores siempre analizamos los factores que intervienen en la competición, nos preguntamos qué aspectos hacen que los equipos compitan mejor para poder entrenarlos. Hay muchos factores en los que se puede decir que hay un gran consenso; por ejemplo, el buen estado de forma de los futbolistas, que hace que sean más rápidos, resistentes y fuertes; indudablemente, eso hace más competitivo a un equipo. Por otro lado, el talento, que normalmente se traduce en cualidades técnicas, es evidente que lo hace todo más fácil, igual que una buena asimilación táctica de la lógica del juego por parte de los jugadores supone que el equipo pueda enfrentarse a los rivales con más recursos. A estos factores se van incorporando otros poco a poco, como pueden ser los aspectos psicológicos, que ya por suerte podemos decir que todos los equipos los tienen en cuenta e incluso contratan psicólogos que ayuden a los equipos a ser más competitivos. Las técnicas de visualización o el pensar en positivo ya nadie duda que hacen a los jugadores mejores futbolistas.


Teniendo todos estos aspectos claros, cuidándolos e implementándolos en cada entrenamiento, todavía se pueden observar diferencias en el nivel de competición. Muchos equipos cuentan con recursos casi ilimitados, es evidente que entrenan muy bien, analizan todos los datos una y mil veces buscando esa mejora competitiva que les acerque más a la victoria. Pero, aun así, seguimos viendo equipos que tienen algo más.

Por eso hay que seguir en la búsqueda de esos factores que hacen a los equipos más competitivos para poder entrenarlos. En mi opinión, y así llevo años intentando transmitir esta idea en los equipos a los que entreno, el SER BUENA PERSONA TAMBIÉN COMPITE. Sin duda es una frase muy bonita, pero vamos a lo práctico: ¿cómo se aterrizan estas bonitas palabras al terreno de juego? Aquí es donde la selección española que ha ganado la pasada Eurocopa 2024 y este Mundial 2026 nos muestra el camino. Ser buena persona significa no protestar al compañero; hacer coberturas con el «hoy por ti, mañana por mí» en la cabeza; ser generoso en el esfuerzo, sobre todo el defensivo, que es el que más cuesta; aceptar y respetar las decisiones del entrenador; empatizar con el compañero; alegrarse por el bien ajeno, que además es el tuyo… Es evidente que todo eso hace ser más competitivo a un grupo. Hay señales que nos indican cuándo estamos ante un equipo con estas cualidades, como la celebración de los goles: cuando todos los jugadores de un equipo celebran los goles por igual, con la misma efusividad, independientemente de quién haya sido el último en tocar el balón antes de entrar en la portería (no digo «del jugador que marca el gol» a propósito, porque creo que el gol no lo marca un solo jugador, lo marca el equipo), ese equipo tiene algo especial, un intangible que le hace contar con un punto más a nivel competitivo. Es el típico equipo que, cuando te enfrentas contra él, cuentas varias veces los jugadores rivales en el campo porque siempre tienes la impresión de que juegan con más; que realmente es así: juegan con algo más. Si pensáramos solo en el bien del fútbol, no se darían premios al máximo goleador o "pichichi", se daría el premio al equipo más goleador; así se integra a todo el equipo en lo que supone marcar un gol, que es lo que realmente sucede. Igual sucede cuando un suplente o no convocado se alegra de la victoria del equipo como si estuviera participando directamente del juego: ese equipo cuenta con algo más. Eso pasa cuando se consigue un ecosistema de buenas personas en lugar de un egosistema.

Otra característica de una buena persona es no intentar engañar al árbitro, hacerle su labor lo más sencilla y agradable posible; no me cabe en la cabeza cómo todavía mucha gente piensa que enfrentarse al «juez que te va a dictar sentencia» te hace más competitivo o te acerca a la victoria. De verdad que, por más partidos de fútbol en los que intervengo de una manera u otra, no dejo de sorprenderme ante las vehementes y desairadas protestas a los árbitros de jugadores, entrenadores y aficionados, como si eso les ayudara a ganar el partido, que entiendo que es su mayor deseo en ese momento. La expresión «tirarse piedras contra su propio tejado» refleja claramente lo que realmente sucede. Ser buena persona implica tener una relación sana con los árbitros; eso es bueno en términos absolutos, y si es bueno, pues te ayuda de una manera u otra a ganar. Simplemente el hecho de no perder energías en protestas evita distracciones, lo que facilita poder centrarse en el propio juego, en lo que cada uno puede controlar para mejorar, centrando el foco en lo realmente importante. Esto hace que rindamos mejor. El camino más fácil para conseguirlo es ser buena persona, ese tipo de gente que no protesta por educación y empatía. Pero también se puede conseguir siendo simplemente inteligente.


También he podido apreciar que la tendencia natural per se de un grupo no es tener ni mantener este tipo de comportamiento si no hay detrás alguien que lo dirija, un director de orquesta. Aquí es donde me quito el sombrero ante el seleccionador Luis de la Fuente, que es el arquitecto que ha conseguido que estos jugadores no tengan dudas en que ser buena persona te hace estar siempre más cerca de la victoria. Muchas veces los propios jugadores tienen dudas, se pasan al lado oscuro de la protesta, la envidia y el rencor, pensando que ese es el camino más rápido para conseguir sus objetivos. Ahí es donde la intervención y el liderazgo de un entrenador es lo que marca la diferencia. Un referente que sepa guiar esa conducta de los jugadores con su propio ejemplo es imprescindible para conseguir un equipo ganador en el amplio sentido de la palabra. De todos los factores que influyen en el nivel competitivo, este es el más complejo de implementar; es todo un arte. El propio seleccionador dijo que, leyendo las Meditaciones de Marco Aurelio, le llamó la atención una cita que decía: «lo que es malo para la colmena es malo para la abeja». Humildemente, y con el máximo de los respetos al emperador Marco Aurelio y al propio seleccionador, le daría la vuelta en positivo diciendo que lo que es BUENO para la colmena es BUENO para la abeja.


 
 
 

Comentarios


bottom of page